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Arquitectura en primera persona

Calor de hogar

Ahora que parece que el frío ya ha llegado para quedarse, comienza la preocupación de todos los años: qué sistema de calefacción elegir para estar confortables en casa pero sin tiritar del susto cuando nos llegue la factura.

Hoy vamos a hacer un repaso de los diversos dispositivos más comunes a la hora de tener la casa calentita, procurando sopesar los aspectos positivos y negativos de cada uno de ellos.

Sistemas de calefacción de gas o  gasóleo

Constituyen la opción más común en zonas con inviernos muy fríos, los de gas en zonas urbanas y los de gasóleo en viviendas grandes fuera de las ciudades.

Como puntos positivos está que son sistemas más económicos que los eléctricos, pero, como aspecto negativo, requieren mayor instalación y mantenimiento.

Calefacción central o bomba de calor

Comienza a ser la opción estrella en las zonas con inviernos más suaves, ya que según se han ido construyendo viviendas nuevas o se han ido reformando las antiguas, se ha ido implementado este sistema en las obras.

No obstante, en invierno ocurre con la calefacción central tres cuartos de lo mismo que con el aire acondicionado en verano: si no hacemos un uso responsable y bien regulado, podemos acabar pagando el calor a precio de oro. Por ejemplo: ¿de verdad quieres tener toda la casa caliente, con el gasto que ello conlleva, si sólo vas a estar en un par de habitaciones? O, lo que es incluso peor, ¿no serás de esos que en pleno mes de diciembre se pasea por el salón en mangas cortas? Por tu bien y por el del medio ambiente, racionaliza el uso de la calefacción.

Emisores termoeléctricos

Conectados, como la opción anterior, a la red eléctrica, hay diferencia de opiniones en relación a su supuesta elevada eficiencia energética. En general, en lo que sí se suele coincidir es en que son recomendables para viviendas con necesidades de calefacción moderadas o bajas y tamaño, como mucho, mediano.

Como ventajas, son limpios, programables e independientes entre sí. Como inconvenientes, que, como decíamos, no hay consenso entre los usuarios acerca de si suponen o no un ahorro en la factura de la luz. Además, podemos encontrarnos con la necesidad de contratar mayor potencia.

En cualquier caso, y por si te lo estás pensando, ten en cuenta que en el mercado los podemos encontrar de tecnología seca, de fluido caloportador o, los más modernos, cerámicos.

Radiadores de aceite

Los radiadores de aceite son un clásico que sigue sacándonos de más de un apuro. Manejables y transportables, no requieren de mantenimiento y son considerados muy seguros. Como contras, no los podremos usar en grandes estancias y no conviene, por el susto de la factura de la luz, emplearlos como único sistema de calefacción.

Braseros eléctricos y loritos

Muy utilizados por todos aquellos incondicionales de la mesa de camilla. Calor rápido, pero muy localizado y con cierto riesgo. Recomendables para el rato de descanso, pero no para tenerlos todo el día encendidos.

Estufas halógenas

Como los braseros, las estufas halógenas proporcionan calidez inmediata, al tiempo que son fácilmente transportables. Como inconveniente, su elevado consumo y que sólo son aptas para espacios reducidos. Mucho cuidado si hay niños en casa.

Estufas catalíticas

De mayor envergadura que las opciones anteriores, poseen una gran capacidad calorífica y, al funcionar con bombonas de butano, no nos llevaremos ningún susto con la factura de la luz.

Ahora bien, aunque se ha avanzado mucho en su seguridad, hay que tener mucho cuidado con el transporte de una zona de la casa a otra, revisar siempre que no haya ninguna fuga de gas y, sobre todo, vigilar que no haya niños cerca.

Calefactores de aire caliente

Ideales para calentar rápidamente y sólo durante un breve período de tiempo habitaciones pequeñas. Es decir, su uso de toda la vida: calentar el baño antes de la ducha. Mucha precaución con utilizarlo mientras nos duchamos, especialmente si nuestro baño es de dimensiones reducidas.

Suelo radiante

Es cierto que el suelo radiante requiere de una inversión significativa, pero, a cambio, disfrutaremos de una gran calidez. Si bien siempre hay quien se queja aduciendo pies calientes y nariz helada, lo cierto es que los suelos radiantes, si se realiza la instalación correctamente, suelen dar buen resultado.

Chimeneas y estufas

Las hay de todo tipo y para casi todos los presupuestos, con y sin obras, y de mayor o menor capacidad calorífica. Es muy importante, si estamos pensando en chimeneas y estufas, dejarse asesorar por un buen especialista que nos aconseje desde el tipo de chimenea o estufa, la ubicación o el tipo de combustible. En la actualidad están cogiendo mucho auge las estufas de pellets, capaces de calentar grandes espacios con poco coste, aunque su precio puede resultar elevado para la mayoría de los bolsillos: desde 700 €.

En cualquier caso, si te estás planteando cómo mantener calentita tu casa este invierno, ten siempre en cuenta estos tres factores que serán los que en gran medida determinen qué sistema de calefacción es el idóneo para ti:

* Situación geográfica de la vivienda. El clima del entorno es fundamental a la hora de elegir entre una u otra opción, ya que no son las mismas necesidades las que surgen en una zona templada de invierno suave y breve que en otra en la que el frío es más intenso y más duradero.

* Tamaño de la vivienda y de las habitaciones que deseamos mantener caldeadas. Por lógica, no es lo mismo calentar un piso de 70 metros cuadrados que una casa de 250.

* Perfil de los moradores. Si hay niños pequeños o ancianos en casa, los horarios de estancia en la misma, habitaciones con mayor o menor uso, etc.

Por último, es fundamental tener en cuenta que, por mucha calefacción que tengamos y por mucho que gastemos, si la vivienda no está correctamente aislada, todos nuestros esfuerzos serán en vano. Por todo ello, una más, te aconsejamos que te dejes asesorar por expertos como los de Aedifica Arquitectura, que, por muy poco, te harán ahorrar mucho.

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