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Arquitectura en primera persona

Pisando en firme

Uno de los aspectos en los que menos pensamos cuando decidimos cambiar la decoración de nuestro hogar es el suelo. Y hacemos mal, porque este elemento no sólo condiciona en buena medida el tiempo que tendremos que dedicar a las labores de limpieza del hogar, sino que, además, puede cambiar radicalmente nuestra percepción de una estancia.

Elegir suelo

Para elegir el tipo de suelo de una vivienda o una estancia, lo primero que tenemos que hacer es plantearnos estas dos cuestiones:

  • Tipo de uso que tiene la vivienda o la estancia. Hay que ser realistas y no pensar únicamente en lo que nos gusta, sino también en la durabilidad y las necesidades de mantenimiento. Por ejemplo, por más que te gusten los suelos de madera natural, si tienes en casa cuatro niños cuya mayor satisfacción consiste en arrojar juguetes al suelo, pues, la verdad, no te recomendamos esta opción. Del mismo modo, un cuarto de baño con mármol blanco queda precioso, pero, si tienes melena, prepárate para coger la escoba cada vez que te peines…
  • Tipo de ambiente que queremos construir. Una cosa es ser ecléctico y otra muy distinta es decorar o crear ambientes sin orden ni concierto. Recuerda que la armonía es fundamental y, aunque se puedan combinar elementos de diversos estilos, todo debe de ir en la misma línea. En otras palabras, el suelo debe ser acorde con lo que tiene encima.

Elegir material y acabados

En la actualidad hay una gran variedad de suelos en el mercado, lo que permite satisfacer la práctica totalidad de necesidades y gustos. Así, podemos elegir entre infinidad de opciones, de las cuales, las más comunes son:

  • Gres. Durante muchos años, el rey absoluto. Con una gran disponibilidad en diseños y precios, suele ser bastante resistente y de fácil limpieza.
  • Cerámica. También muy habitual por su resistencia y fácil cuidado, si bien puede darnos algún que otro susto con según qué tipo de manchas.
  • Madera. Ideal para crear ambientes cálidos, pero con altos requerimientos de cuidados y limpieza.
  • Tarima flotante. Esta madera en tablones se ha hecho muy popular por su tipo de instalación y por la gran diversidad en acabados.
  • Laminados. Considerablemente más económica, esta opción ofrece mayor resistencia que las anteriores, aunque se sacrifica en “autenticidad”.
  • Moquetas. Este tipo de suelos es muy poco habitual en nuestro país, salvo en espacios como hoteles.

Ante todo, mucha calma

Por último, el más importante de los consejos: piensa siempre que el suelo no es un elemento que se cambie cada año, así que tómate con mucha calma la decisión y sopesa muy bien los pros y los contras de cada opción.

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